"En los primeros tiempos su hermana Raquel le pagó el hospedaje en una pensión y le pasó alimentos hasta que Onetti consiguió ingresar como vendedor de entradas en las boleterías del Estadio Centenario (...) Había días de lluvia en los que los veía llegar y pensaba: pero no tendrán un amorcito para pasarse el domingo metidos en la catrera, oyendo la lluvia en el techo de zinc". Construcción de la noche. La vida de J. C. Onetti, María Esther Gilio y Carlos María Domínguez.
A Juan Carlos Onetti le gustaba quedarse en la cama. A esta tendencia a la pereza la llamó “su vicio, su pasión y su desgracia”. Cada vez que se enfrentaba con el mundo exterior, lo veía decadente, corrompido. Pintó en sus libros con precisión y originalidad (probablemente antes que nadie en la literatura latinoamericana) la desazón y alienación del hombre moderno en un mundo urbano distante, grotesco y opresivo. Eran su escape. Y La vida breve, su cuarta novela, la metáfora perfecta de la evasión a través de la literatura. El escape de la realidad hacia la ficción es un tema que se halla en las bases mismas del origen de la literatura. Esta es un método de entretenimiento, una forma de darle la espalda a la realidad, aunque sea de forma provisoria. De la misma manera, los personajes de Onetti buscan en la ficción un alivio de sus vidas desesperanzadas y frustradas, la única alternativa además del suicidio. Pero, en su caso, la ficción suele volverse la realidad. El viaje a la ficción se metaboliza; los personajes pasan a vivir las vidas que se imaginan, en su realidad literaria, a partir de la fundación de Santa María, un reflejo del Condado de Yoknapatawpha de William Faulkner. Las vidas que se imaginan ya no existen sólo en la fantasía. Juan María Brausen, protagonista de La vida breve, inventa en su imaginación a Santa María, un pueblo mítico, metafísico, y, al final, escapa de la realidad hacia ella, hacia su ficción. En 1950, Juan Carlos Onetti publica esta novela. Bajo la influencia de Louis-Ferdinand Céline, Roberto Arlt, Fiódor Dostoievski, la literatura existencialista y, esencialmente, William Faulkner, escribe su obra maestra. En ella aparecen conjugados todos sus temas preferidos (el escape de la realidad, el pesimismo, la corrupción de la sociedad y del individuo) y su estilo (barroco, desaliñado, denso, enmarañado) ya formado. La base de su argumento representa el arquetipo de la obra de Onetti y una atmósfera gris y angustiante (también marca de fabrica del escritor) le sirve de marco. Un empleado de una agencia de publicidad, Brausen, acepta el encargo de escribir un guión de cine. Vive una vida gris y triste. Frío, sombras, constante llovizna, calles oscuras, nubes cubriendo el cielo. Su esposa ha sufrido una operación grave y el protagonista tiene dificultades para conectarse con ella. Nunca escribirá el guión pero este le dará pie para imaginarse una ciudad, Santa María, y vivir una nueva vida a través de uno de sus habitantes, el doctor Díaz Grey, para escapar de su realidad frustrante y amarga. La fantasía siempre supera a la cotidianidad tediosa y desfallecida. A su vez, asumirá otra identidad, la de Arce, para vincularse con su vecina, la Queca, una prostituta. En esta nueva vida será todo lo que lo fascinó y no pudo encontrar en la suya. En el devenir de la novela asistimos a la desintegración mental de Brausen, que desaparece en sus diversas identidades. Santa María cobrará vida y hacia el final de La vida breve, cuando se solapa la hasta entonces realidad objetiva del relato en primera persona de Brausen con el mundo inventado, su creador accederá a esta, y escapará definitivamente de su realidad desesperada. El escape hacia la ficción se da entonces de dos maneras: a través de la vida inventada de Díaz Grey y la de Arce. La primera de estas surge a partir del encargo del guión de cine: “No estoy seguro todavía, pero creo que lo tengo, una idea apenas, pero a Julio le va a gustar. Hay un viejo, un médico, que vende morfina. Todo tiene que partir de ahí, de él. Tal vez no sea viejo, pero está cansado, seco (…) El médico vive en Santa María, junto al río”. Aquí sucede la fundación de la ciudad y a partir de este momento se comenzará a narrar, paralelamente a la historia de Juan María Brausen, el relato del doctor Díaz Grey, que está modelado, de forma clara, a partir de la figura de su creador. También los otros personajes principales siguen el modelo de los reales. La misteriosa historia muestra cómo el doctor sale de su rutina y de su vida sin sorpresas para involucrarse en una truculenta aventura, en la cual terminará siendo parte de una curiosa estafa relacionada con la venta de morfina. Esto era lo que quería Brausen: un escape de la rutina laboral y conyugal. Y esto era lo que haría también bajo el nombre de Arce. Así, vivirá intermitentemente en los recreos de su cotidianidad lo que para él serán breves momentos de felicidad, de verdad absoluta. Este es uno de los posibles significados del título de la novela. Pero ya entrados en La vida breve, cuando ya su esposa lo ha abandonado y ha sido despedido de su trabajo, el protagonista se pierde en la figura de su álter ego, se pierde en la ficción. Cuando un sujeto con quien había disputado en relación a la Queca, Ernesto, la mata, Brausen-Arce decide ayudarlo a escapar. En ese momento se da el salto de la realidad hacia la ficción. Viajan hacia Santa María, hacia un pueblo imaginado. Este es el escape definitivo. Juan Carlos Onetti murió en el año 1994, en Madrid. No se si alguna vez pudo dar el mismo salto hacia la ficción que dio su invención y con el que tanto fantaseó desde su cama.

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