Aita (“padre” en idioma vasco) es la primera joyita que vi en lo que va del Bafici 2011. Sofisticada, soberbia, de gran belleza visual. Cada plano podría ser un cuadro. La historia se centra en un viejo guarda a cargo de una casa deshabitada. También hay un sacerdote, con el que entabla las únicas conversaciones que hay en la película. Pero la verdadera protagonista es la casa. Sus espacios, sus sonidos, sus paredes roídas por la humedad, por el paso del tiempo. La cámara se mantiene estática y las figuras humanas aparecen y desaparecen, a menudo relegadas por los espacios vacíos, con sus luces, sombras y misterios. La estética de la película es documental, pero el elemento fantástico está sugerido desde los primeros minutos. Aita no tiene nada que ver con una película de fantasmas regular. La casa está al lado de una iglesia donde podrían estar enterrados niños sin bautizar. El fantasma del pasado se insinúa a través de imágenes proyectadas en las paredes durante la noche. El guarda le reconoce a su único interlocutor que se siente asediado constantemente por una “luz”. Todos sus intercambios tienen un trasfondo espiritual oculto. Además, hay un gran trabajo de fotografía y la incorporación de técnicas experimentales es perfecta y sugestiva; no afecta el curso narrativo, sino que lo profundiza. Del director español José María de Orbe (su segundo largometraje después de La línea recta, del 2006) este es uno de los puntos fuertes en lo que va del festival.
Otras películas del Bafici. Caterpillar: No es fácil hablar de esta película japonesa del director Kôji Wakamatsu. Caterpillar es provocadora y explícita a un nivel que sólo el cine independiente puede permitir. Está situada durante la Segunda Guerra Mundial en una aldea de Japón. Un soldado vuelve allí del campo de batalla con sus miembros mutilados. También ha perdido el habla. Ya no es un hombre, es la oruga del título, es una “pila de carne”, como lo describe uno de los personajes. Es un animal, reducido a las más básicas necesidades: dormir, comer y coger. Mientras avanza la película, notamos que se volvió un monstruo físicamente después de la guerra, pero en realidad lo era desde hace mucho. La obligación de su esposa de atender todos las exigencias del llamado "Dios de la guerra" hacen de la casa una pesadilla. Tal vez la reiteración abrumadora de las escenas de sexo de un cuerpo destruido sean una muestra excesiva de la degradación humana. Al final, el recuerdo de la guerra y de las atrocidades que cometió durante ella devoran al soldado por dentro. La película es buena, con un fuerte mensaje antibélico, pero difícil, intensa y provocadora. Pero mejor callarse ante las tomas finales, los números abrumadores de la guerra: los vimos millones de veces y todavía son difíciles de creer.
Yatasto: Documental argentino sobre un grupo de cartoneros en el barrio de Villa Urquiza, en la ciudad de Córdoba. Se centra en tres chicos: Bebo (15 años), Pata (14) y Ricardo (10). El retrato es íntimo y conmovedor, sin apelar a golpes bajos. No juzga ni manipula emocionalmente. Entramos en un mundo que nos es siempre ajeno. Por más que lo veamos todos los días, no lo vivimos. Las escenas de Yatasto se dividen básicamente en dos: las de interiores y las que suceden en el carro tirado por caballos que usan para ganarse la vida. En las primeras, se ve la visión del mundo de estos chicos sin disfraces, a medida que tratan temas como la escolaridad, la muerte y las ambiciones. En las segundas, las conversaciones casuales, el ejercicio del trabajo, la transmisión de los conocimientos sobre este. Por más que omite ciertos aspectos más turbios de la situación, estos acechan constantemente, especialmente en la figura del fantasma del padre de Ricardo, alcohólico y ausente. Yatasto, ópera prima (financiada con capitales argentinos) del español Hermes Paralluelo, quien además está radicado en el país, participa en la Competencia Internacional. Es una revelación. Por ahora, es la mejor película que vi de esta categoría, superior a otras como Attenberg, Las marimbas del infierno y La vida útil. Además, es un importante representante del ascendente cine cordobés. Ojalá gane.

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