viernes, 8 de abril de 2011

La Vida Útil



La vida útil, segunda película del director uruguayo Federico Veiroj, participa en el Bafici de este año en la categoría de Competencia Internacional. A primera vista, podría parecer que a esta película corta (dura 67 minutos), económica en su ejecución, la categoría le queda grande. Sin embargo, esta idea no podría ser más errada: la película viene teniendo una gran recepción en los festivales en los que se presentó y fue muy aprobada por la crítica. Filmada en blanco y negro, en Super 16, se basa en una premisa simple. Un hombre, Jorge (interpretado por el crítico de cine Jorge Jelinek en su debut actoral). Su vida es el cine. A pesar de su edad, vive con sus padres. Trabaja en una cinemateca que va en franca decadencia, coincidente con  la de su vida. La cantidad de miembros baja cada mes, los equipos andan mal, las empresas auspiciantes le retiran su apoyo, no pueden pagar el alquiler. El hombre trabaja hacia 25 años allí. Cuando el telón se cierra, finaliza su vida útil. El vacío inicial da lugar a una energía revitalizadora deudora del cine. El protagonista, lacónico y gris, parece pasar a vivir la vida breve de Juan Carlos Onetti (otro uruguayo): ficticia, delirante. Mientras camina teatralmente por la calle, con un objetivo resuelto, se escucha música de cine clásico hollywoodense (en realidad, son fragmentos de sinfonías del compositor uruguayo Eduardo Fabini) y una banda sonora de John Ford. Se hace pasar por profesor en la facultad de Derecho, da un extraño monólogo sobre la mentira, abandona su pasado, baila en las escaleras de la facultad e invita a salir a una mujer que antes lo había rechazado. La vida útil es un pequeño homenaje al cine, a lo que fue y a lo que pronto dejará de ser. Pero la base de la película (la pérdida de lo que se ama que deviene en el descubrimiento de algo nuevo y, finalmente, la felicidad) es historia conocida y filmada muchas veces. El final es predecible y la película carece de una marca estilística propia novedosa para compensar el argumento trivial, que tampoco llega a emocionar.

Otras películas del Bafici. Tourneé: Un hombre egocéntrico y talentoso, incapaz de redimirse con su pasado y con una vida personal en ruinas, se refugia en su trabajo como manager de un grupo de artistas de varieté, estilo burlesque, a lo largo de una gira por Francia. Ágil y entretenida, pero con escenas dramáticas muy logradas, caracterizaciones profundas y grandes actuaciones. Muy recomendada.

Aurora: larga película (tres horas) del director de La noche del Sr. Lazarescu, Cristi Puiu, que también la protagoniza. Hay varios puntos de contacto con otra película rumana: Police, Adjective de Corneliu Porumboiu (una de las mejores del Bafici 2010) que tal vez sean comunes a varios proyectos cinematográficos actuales del país, afirmación que no podría corroborar. Cámara estática, planos largos en los que muchas veces no sucede nada, ambientes sombríos, personajes alienados, diálogos banales. A medida que avanza, uno se va acostumbrando a su ritmo imperceptible. Los sucesos se apilan a partir de la segunda hora de la película (no sin antes dar claros indicios), pero siguen estando interrumpidos por largas escenas triviales que hacen que la última hora se haga larga. Otra punto de contacto con Police, Adjective: el hilarante diálogo absurdo en una comisaria, al final.

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