Las listas representan un ejercicio casi siempre inútil, sólo apto para el entretenimiento o la arrogancia, tanto para el que las hace como para el que las lee. Su función instructiva es anulada de antemano por el hecho de que la selección y el orden jerárquico son, por supuesto, arbitrarios y subjetivos, aunque la pretensión haya sido acercarse a un terreno de mediana objetividad crítica, si es que existe tal cosa. En principio, a pesar de que escuché mucha música este año, resulta imposible, con la cantidad de proyectos relevantes existentes, hacer un resumen de la totalidad de la música que hay dando vueltas. El foco estuvo puesto en el ordenamiento, por lo que las mínimas referencias y descripciones que corresponden a cada disco no son más que impresiones generales mal pensadas y peor escritas.


50) El regreso discográfico de Moris lo encuentra junto a su hijo Antonio Birabent y sus interacciones vocales y compositivas conforman la raíz del disco. A partir de la fórmula del cantautor latinoamericano (ese lugar donde confluyen el folk, el tango, la bossa nova y el pop) que él mismo ayudó a desarrollar en la primera época del rock nacional, Moris construye con guitarras acústicas, arreglos simples y estribillos antémicos sus típicas postales costumbristas y retratos mínimos.

49) Kate Bush vuelve con su segundo disco de estudio en diecisiete años, 50 Words for Snow. Hermanado con el primer disco solista de Mark Hollis, el disco se basa en arreglos minimalistas, en las que asume un rol fundamental el piano, y en las historias de Kate Bush, donde confluyen el sentimiento, las reflexiones espirituales y la alegoría. Con una duración de más de una hora dividida en siete temas, es un viaje largo y agotador, en la que la falta de detalle en la austeridad instrumental no es compensada más que con la poesía de la cantautora.

48) En Eye Contact, Gang Gang Dance se ampara en la fórmula evolutiva que ya le fue útil a bandas como Animal Collective o Yeasayer: acomodar la experimentación, la ambición y los recursos inusuales en un marco pop de melodía, claridad y brevedad. Los separan del éxito de estas bandas la falta de sensibilidad pop y melodías. Con algo de rejunte de ideas y un aire exótico que en ocasiones no evade el cliché, Gang Gang Dance logra un universo sonoro exuberante y lleno de detalles y texturas.


47) El ascenso del productor de hip-hop Clams Casino este año fue rápido y vertiginoso. De la mano de sus producciones para la vedette del rap en Internet en Estados Unidos, Lil B, el productor ganó prominencia y se estableció definitivamente en el circuito con sus créditos en el mixtape LiveLove A$AP, de A$AP Rocky. Instrumentals, también un mixtape, se compone de versiones instrumentales de las producciones de Clams Casino. Su estilo, basado en ritmos pesados y samples borrosos e imponentes, no escatima detalles y se luce sin la compañía de una figura vocal.

46) LiveLoveA$AP, indeleblemente unido a Instrumentals, debido al rol fundamental que cumple la producción de Clams Casino en ambos, fue lanzado gratis por Internet por A$AP Rocky luego de que firme un contrato de tres millones de dólares con una discográfica importante. La producción es impecable y variada y, a pesar de no tener grandes melodías ni habilidad técnica, A$AP Rocky es un rapero decente que cumple con sus versos monotemáticos (drogarse con jarabe para la tos).


45) Uno de los casos de hype más importantes del año, House of Ballons de The Weeknd salió gratis a principio de año con una estética y un sonido muy propio, además de una promesa de convertirse en un fenómeno prolífico (tres discos de distribución gratis en nueve meses) y coherente. En lo sónico el disco no se distancia del R&B comercial más tradicional, sino que sirve como una reactualización oscura, acromática y adictiva. Esta síntesis musical de oscuridad y sexualidad se ve reflejada por el talentoso cantante y figura principal de The Weeknd Abel Tesfaye en sus incomodas historias sobre decadencia, sexo, drogas y excesos.

44) En 93 Million Miles, el dúo Africa Hitech, formado por Mark Pritchard y Steve Spacek, crea un sonido original formado a partir de la amalgama de una enorme diversidad de géneros de música electrónica, unidos por la intención de crear un sonido primal nutrido por África, sin que esto evite que el conjunto suene bastante plano. Probablemente nada haga mayor justicia a la descripción de este grupo que el nombre del mismo.


43) Para su cuarto disco, los Arctic Monkeys recorren una variedad de estilos de pop-rock alternativo sin alejarse del todo del sonido lisérgico y pesado de Humbug. El retorno de la accesibilidad y la inmediatez no suple sin embargo la irregularidad y palidez de algunas melodías. La presencia de algunos grandes temas cubre varias de estas falencias.

42) Probablemente la banda de rock nacional más consistente y regular de los últimos años, cada disco nuevo de Pez es a esta altura un suceso. Volviendo a las cavernas resume la vertiente de rock pesado progresivo de sus primeros discos, heredero de ese linaje fructífero que se inició en Argentina a principios de los setenta, con el sonido hardcore de los últimos. Las letras tejen un concepto sobre un futuro post-apocalíptico en el que el mundo se ve derruido por la ambición y los sobrevivientes deben regresar a una vida primitiva. Escaso a veces de originalidad, Volviendo a las cavernas se sostiene a través de grandes canciones y talento.

41) El regreso de los Strokes los encontró flotando por géneros ajenos que establecen una constante tensión con la fórmula de su pasado glorioso. El resultado es inconsistente y carece previsiblemente de coherencia, pero la asimilación de diversos sonidos y la variedad, aplicados a los buenos temas a los que nos tienen acostumbrados, son un cambio bienvenido.

40) Luego de los adelantos del año pasado, el dúo Cults lanzó a mediados del año su disco debut homónimo. Melodías pegajosas, interesante interacción vocal entre los integrantes (uno de cada sexo) y una fórmula probada que en sus manos nunca falla.


39) Este disco llegó de la mano de mucha expectativa. Kanye West y Jay-Z. La colaboración de estos dos pesos pesados del rap ya había rendido grandes temas. Y Watch the Throne no fue la excepción. Con un sonido ambicioso y muchas veces excesivo, el disco es inconsistente y poco coherente, pero tiene algunas canciones imprescindibles y el constante derroche de talento de ambos.

38) Una de las bandas más consistentes y originales de los últimos años, Tv on the Radio volvió este año con Nine Types of Light. Con un tono general más bajo que el de Dear Science, al igual que menos urgencia e innovación, este disco sufre de la falta de coherencia, pero reúne una gran colección de canciones.


37) The King of Limbs es un disco distante, frío y obsesivo. Como en cada disco de Radiohead, el detalle y las texturas ocupan un lugar esencial. A pesar de tener sólo ocho temas y un poco más de media hora, el disco sufre de inconsistencia, y conviven buenos temas con ideas aparentemente poco desarrolladas.


36) Con una gran producción que pone a este disco en un plano nuevo y evolutivo del sonido de los Beastie Boys, Hot Sauce Committee Part Two mantiene en su irregularidad y variedad la típica personalidad de este grupo, base misma de su estilo.


35) Sereno y poderoso, accesible y experimental, el disco de Braids reúne calificativos en general contrapuestos en un universo sonoro único, basado en una variación melódica de la psicodelia electrónica.


34) De la mano de una gran producción y concepto, el grupo de rap CunninLynguists hace un disco temáticamente complejo sobre los sueños, acompasado con beats pesados, buenas melodías y texturas cinemáticas.


33) Vektor vuelve con Outer Isolation, un disco más accesible que su antecesor, Black Future, aunque no menos pesado y progresivo. Además de contar con una muy buena producción y con mucha habilidad técnica, Outer Isolation es un disco con mucha creatividad y dinámicas.


32) Rapero consumado, Drake se coloca con este disco muy cerca del R&B comercial más puro. Inconsistente y muchas veces cansador, se sostiene por un gran trabajo de producción y por algunos grandes temas, todo amparado por la personalidad compleja y contradictoria de Drake.


31) The Field: se ha dicho que la música de Alex Willner, la cabeza detrás del proyecto The Field, es formuláica. Y la verdad es que lo es. Pero el sueco es capaz de construir grandes canciones con una cantidad mínima de elementos. La repetición de una base instrumental ad infinitum, a la que se le introducen cambios apenas perceptibles y se le agregan y quitan alternativamente aditivos y detalles, masas sonoras que evolucionan horizontalmente; The Field invita a un viaje hipnótico en el que nunca se sabe donde se terminará.

30) Construido a partir de la tensión constante e inestable entre los cuatro músicos que conforman Liturgy, la interacción musical y el talento mostrado son los dos principales atractivos de Aesthethica. Como cualquier disco de black metal, es de difícil acceso. Aunque éste también recompensa el esfuerzo.


29) La agresividad e intensidad de Death Grips no tienen paralelo en el mundo del rap. Bajo la tutela de Zach Hill, de Hella, este grupo tiene un sonido original que crea su propio mundo en el que confluyen muchos estilos como el noise y el punk. Las letras retratan los males y miserias humanas, reflejando el panorama musical y complementándolo.


28) The Magic Place está compuesto casi exclusivamente por fragmentos vocales de Julianna Barwick, manipulados para crear atmósferas y texturas. El sonido es único y crece con el tratamiento de Julianna Barwick de la melodía, el drama y la abstracción.

27) En In Love With Oblivion, Crystal Stilts actualiza el rock psicodélico de garage a través del filtro de los temas más movidos de The Jesus and Mary Chain. El uso del reverb no agranda el sonido, sino que lo desdibuja y le agrega un tenor surrealista.


26) El saxofonista Colin Stetson no paró de asomar su nariz en varios proyectos del indie norteamericano durante este año. En su disco New History Warfare Vol. 2: Judges, conjura un paisaje de desolación a través de una técnica vanguardista y un estilo de grabación únicos.


25) Ravedeath, 1972 de Tim Hecker está compuesto por música ubicada en su propio espacio temporal. Capas de sintetizadores y órganos, procesados para llegar a un sonido ruidoso de decadencia y pintando un panorama cinematográfico de ruina y desamparo.


24) Days es un disco relajado y veraniego de jangle-pop. Real Estate repite la fórmula de su primer disco y trae otra colección de grandes canciones.


23) Cut Copy vuelve con más electro pop y otra colección de canciones fuertes. La falta de originalidad se compensa con grandes melodías.


22) Siempre me quedé a mitad de camino con los discos de M83. Con Hurry Up, We’re Dreaming, parece que Anthony Gonzalez finalmente la pegó. Comparte las habituales características de un disco doble: irregularidad, ambición, interludios, simetrías, melodrama. M83 llega a una mayor variedad sonora y el bajo, tocado por el productor Justin Meldal-Johnsen, ocupa un rol importante. Baterías bombásticas y sintetizadores sinfónicos para llevar a una experiencia sónica de proporciones enormes. Un tema aparte es Midnight City, el mejor tema del año.

21) Parallax es un disco solitario, emparentado con Days de Real Estate. Atlas Sound, proyecto solista de Bradford Cox, el cantante de Deerhunter, crea un disco relajado, artesanal, en el que abundan guitarras acústicas, reverb, grandes melodías y un aire sesentoso.

20) The Roots sigue con su carrera inmensamente prolífica y cambiante. Esta vez, encararon con Undun un disco conceptual, contado hacia atrás. El nivel general del disco es muy alto, con grandes melodías y trabajo instrumental.

19) Section.80 de Kendrick Lamar es un disco inconsistente pero fiel al concepto que lo unifica y con varios buenos temas. La producción es impecable y Kendrick Lamar rapea muy bien.

18) En un disco pleno de excentricidad y originalidad, tUnE-yArDs desarrolla un sonido fracturado y excesivo, lleno de vitalidad y arreglos interesantes.


17) En su segundo disco, The Pains of Being Pure at Heart deja de lado la sonoridad más ruidosa de su debut en favor de una nueva interpretación más explícita del rock alternativo melancólico en la senda de los Smashing Pumpkins. En Belong, la banda usa una fórmula y la reinterpreta con grandes canciones, haciendo algunos de los mejores estribillos del año en el proceso.

16) Producido por Flying Lotus, el primer disco de Thundercat es una excursión muy original en el jazz-fusión de los setenta. Lleno de arreglos interesantes, piruetas de bajo, melodías e ideas, The Golden Age of Apocalypse es una exuberante muestra de talento y un encuentro entre la accesibilidad y la experimentación. Algunos temas parecen faltos de desarrollo por lo cortos que son, pero esto asegura que no caigan en la indulgencia y el exhibicionismo de virtuosismo estéril tan comunes en el género.


15) Con una personalidad compleja e irregular, Danny Brown enfrenta en este disco excesos de todo tipo en relatos que desbordan de realismo, teatralidad e impacto. La producción también contribuye con su estilo singular y experimental.


14) New Brigade es el disco debut de la banda punk danesa Iceage. Como en los mejores exponentes del género, detrás de la agresividad, la distorsión y la desprolijidad hay grandes melodías y grandes canciones.

13) SBTRKT reúne el soul y el dubstep en su debut homónimo. La originalidad no pone en cuestión la accesibilidad del mismo; este disco rebosa de melodías, arreglos y grandes canciones.

12) James Blake se puso con este disco definitivamente en el plano de cantautor que venía ensayando. Algunas canciones no llegan a desarrollarse totalmente, pero los arreglos y el estilo personal de Blake compensan.


11) Para este disco, Bon Iver llenó sus canciones con una nueva gran variedad de sonoridades e instrumentos. El resultado recuerda a Sufjan Stevens. A veces el nuevo estilo parece incorrecto para las composiciones, pero Bon Iver mantiene un nivel muy alto.


10) Con Replica, Daniel Lopatin de Oneohtrix Point Never llevó su proyecto a un extraordinario nivel de originalidad, combinando música ambient con samples obtenidos de los más variados recursos, en general, viejas publicidades televisivas. Estos ocupan un lugar central, llevando el peso de las canciones, y son acompañados por sintetizadores de sonido analógico. La tensión entre el futuro al que apunta el disco y el pasado melancólico del que se nutre guía uno de los sonidos más originales del año.

9) Battles volvió después de Mirrored y de la pérdida de su cantante con un disco divertido, extraño y complejo. La banda, ocasionalmente acompañada por invitados vocales excéntricos, se luce con sus arreglos intrincados, basados en una interacción instrumental en la que la guitarra ocupa un rol fundamental, y elementos de improvisación.


8) Shabazz Palaces trajo con Black Up un sonido único y original, tanto en el marco del hip-hop como el de la música popular en general. Su producción extraña y abstracta, su profundo lirismo, su densidad sonora y detalles, su espíritu alternativo: el producto final es irrepetible.


7) Increíblemente consistente a pesar de tener veintiún canciones, Return of 4Eva es el trabajo del rapero Big K.R.I.T., a quien se le debe casi la totalidad del disco, incluyendo producción y lanzamiento. Siguiendo la veta del rap sureño en su estilo general, Return of 4Eva resalta por su exuberancia de talento, sus grandes canciones, su variedad y su ambición.


6) Para criticar al mundo y sus males, PJ Harvey prepara sus canciones con instrumentación simple y buenas melodías; guitarras difusas tostadas por el sol, percusión dispersa y voces tribales acompañan en un disco distintivo por su coherencia en concepto y estilo.


5) Father, Son, Holy Ghost representa un esfuerzo más ambicioso y prolijo que Album. Girls amplía su estilo, esta vez incluyendo sonoridades del rock clásico, y retoma la densidad instrumental comenzada con Broken Dreams Club. Sin embargo, ésta no distrae de la personalidad excéntrica, frágil y compleja de las canciones pop perfectas de Christopher Owens, uno de los principales atractivos de la banda, sino que la realza.


4) Nicolas Jaar, productor de música electrónica chileno residente en Nueva York, dio con este disco otro paso agigantado en su trayecto hacia un estilo propio e innovador. Flotan melodías, fragmentos de instrumentos acústicos, collages de sonido, beats electrónicos que rebotan y se deforman, interludios de música ambiental, samples vocales. Inclasificable pero accesible y esencial.


3) Nuevo pico de la evolución estilística que Annie Clark viene encarando desde su primer disco, Strange Mercy combina pop puro y accesible con arreglos experimentales y originales, con lo que llega un sonido excéntrico y genial. El trabajo de guitarra es soberbio y caótico y se realza mutuamente con la voz de Annie Clark mientras relata sus historias crípticas, oscuras e inestables, siempre subrayadas por un trasfondo sexual.


2) Fleet Foxes amplía el sonido de su primer disco con una instrumentación imponente y detallada y letras poéticas de preocupaciones existenciales y metafísicas. Helplessness Blues es un disco coherente, consistente y hermoso.


1) Kaputt, noveno disco de la banda Destroyer, liderada por el cantautor Dan Bejar, apela a la tan fructífera actualización del pasado para crear canciones únicas y adictivas. Su reinterpretación de géneros periféricos y relegados por la crítica, como el soft-rock o el jazz liviano comercial, los elevan al rango de arte. La renovación se da con la unión de saxos, guitarras aéreas, tintes jazzeros, lirismo, melodías y música ambient en grandes composiciones.
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